lunes 7 de diciembre de 2009

Saturnismo

No sé por qué esta enfermedad me parece tan evocadora. Desde que tuve que formarme en prevención de riesgos y estudié casos como éste, me resulta magnética.

Puede que sea la denominación, la referencia que lo mismo nos lleva a un planeta con anillos que a un gigante parricida.

Probablemente sea riqueza del plomo como figura poética, por su pesadez y su negrura, y porque, según el hijo de una costurera, sabe a dulce. Su madre usaba moneditas de plomo para poner en el falso de los vestidos, para forzar la caida de la tela, así que él se los robaba y se los metía en la boca.

Dulce, negro, pesado, produce daños neuronales irreversibles, alucinaciones y agresividad.

En días como hoy, con el cielo plomizo, sé que lo que me moja el pelo es lluvia plúmbea... y éso lo explica todo.

miércoles 2 de diciembre de 2009

La Rochar

Requetevuelta al cole. Estoy haciendo dos másteres a la vez, y entre éso y alimentar los dos estómagos del Rebi no tengo mucho tiempo de postear. Bueno sí que tengo tiempo, pero estoy de muy mala uva y no acabo de inspirarme. Bueno, sí que me inspiro, pero es que no llego a escribirlo tampoco. La culpa la tiene bolonia, los trabajos en equipo, los comentarios y presentaciones y el tráfico de Madrid. Y que ahora escucho las noticias. Y yo, que también tengo la culpa. Pero vamos, que por no hacer ni me depilo, que a la llegada del invierno me he dado cuenta de que no me hacía falta el abrigo y es que estoy como el Yeti, fíjate tú lo que te digo...


Todo esto, pensaréis, ¿Qué tiene que ver con la Rochar? ¿Y qué o quién es la Rochar?

Pues como tener que ver... no tiene que ver nada. Pero vamos, que os cuento la historia. En la universidad tengo varias decenas de compañeros de máster, y una de ellas es La Rochar. Es una señora de unos cincuenta años, rubia, menuda, estética de reloj de oro, twin set y bolsa de Georges Rech para llevar los cuadernos. Es atecnológica e inflexible. La puta bolonia nos obliga a trabajar en grupo y la puta Rochar nos quiere obligar a trabajar a su manera. Y a aguantarla.


El caso es que una profe nos puso a hacer una dinámica de grupo y me hizo ser la directora de la empresa. Qué importante me sentía, oye. Así que ni corta ni perezosa los dirigí, vamos, los puse a todos más derechos que una vela. Se conoce que la Rochar se quedó encantada y pensó para sus adentros

- He aquí a mi perchero. La usaré para colgarme de ella y que me haga los trabajos.

Así que cuando termina la dinámica y bajamos de la tarima me dice:


- MUY BIEN. QUÉ NEGOCIADORA. NO TE HAS DEJADO PISAR NI UN POCO.


A mí no me gusta que alguien que apenas sabe una mierda sobre mí se deshaga en alabanzas (teniendo en cuenta además que debía tomar "no te has dejado pisar" como un piropo). Soy una malpensada y desde el momento en el que alguien muestra demasiada amabilidad mi actitud es de recelo, directamente proporcional.

Y a la siguiente clase, se sienta a mi lado. Mira mi libreta y copia lo que apunto. Me agarra el brazo y me pregunta. Pierdo el tiempo y la información que, mientras tanto, está dando el profesor, haciendo aclaraciones sobre conceptos simples como "peine" o "escalera", que no acaba de comprender. Primero me frustro. Despues decido poner mi brazo derecho en escuadra para poner una barrera física y girar el cuerpo de modo que miro al profesor y ella queda fuera del rabillo del ojo. Parece que se calma momentáneamente.

Llega el descanso. Salgo de la clase hacia la cafetería. Me sigue y me atrapa. Me pido un café con leche y una porra maravillosa a precio de estudiante. Se me incrusta, rozándome con su ropa. Trato de hacer un espacio usando banqueta, barra y brazos.
Es inutil. Me clava sus uñas pintadas de rosa nacarado en el brazo mientras me coloca su melena platino cardada en los ojos, impidiéndome evitar su aliento ácido y arruinándome la merienda.

Hace preguntas sobre mí para poder responder lo que quiere contarme sobre sí. Dejando unos 20 centímetros entre nuestras caras (Rebi podría acercarse y decirle legítimamente "deja en paz a mi novia") me habla masticando las consonantes, con frases cortas,cargadas de misterio y haciendo pausas innecesarias. Apenas sostiene la mirada cuando alza los ojos, y habla como si se estuviera mirando los propios pulmones, frunciendo la boca con gesto de enfurruñada, como si siempre fuese a pronunciar las vocales o y u. A cada frase, realiza un largo movimiento con la cabeza, como asintiendo. O como diciendo "toma castaña". No lo sé.

- ¿Tú has trabajado en Recursos Humanos?

- Sí, éso intento.

- Yo trabajé en selección dos años.[Pausa] En una institucion que no puedo decir. [pausa mas larga]. Eran una gente [pausa] muy importante. MUY listos. [Pausa] ¿Y sabes por qué me cogieron?

- ...

- Porque sabía Rochar.


Acabáramos. Test de Rochar para selección. Lo que en mi tierra llaman matar moscas a cañonazos...

- Aham...

- Porque yo sé Rochar. [Pausa. Mirada entornada de suficiencia] Estuve séis años en clínica y sé interpretar Rochar.

- Sí, el test de las manchas.
- SÍ. [Pausa]. Hay muy pocos que saben interpretar Rochar. [Pausa] Yo me formé, y por éso me cogieron.

- Aham.

- Y estoy aquí porque ahora tengo una oportunidad profesional.

- ¿Ah, sí? ¿En Recursos Humanos?

- No lo sé.

- Pero, ¿En qué trabajas tú ahora?

- Soy orientadora en un centro.

- ¿De secundaria?

- Sí.

Oh cielos oh dios mío. Un agujero negro de energía haciendo de psicóloga, en un centro con adolescentes hechos un lío. La imagino pasándole el test de las manchas a un pobre pajillero inadaptado y diciéndole quién es. Pavor. Horror. Catástrofe. ¡Hecatombe!

- Las joyas de la corona, tengo yo.

- ¿Qué?

- Que en mi instituto están las joyas de la corona.

- Ah, ¿que estás en un centro de chicos bien?

- No, no, que tengo las joyas de la corona. [Pausa] Veo que no captas la ironía.[Pausa] Que lo mejorcito del instituto me lo traen a mí.

- Coño, claro, ¡¡eres la orientadora del centro!! ¡Es tu trabajo!

¿No te jode? La tía tiene un puesto del estado para hacer de psicóloga en un centro y se queja de que le traen los peores alumnos. Anda y vete al peo.

- Pero ahora tengo una oportunidad.

- La empresa privada que decías.

-Sí, es una oportunidad. [Pausa] Con un amigo que va a montar una empresa.[Pausa]

- ¿Y qué te ha ofrecido?

- Aún no lo sé.

Hay pocas personas que me produzcan, en tan poco tiempo, tanto repelús. Llego a clase sistemáticamente tarde, para sentarme lejos de ella y siguiendo un esquema caótico de adelante, atrás, centrada, derecha o izquierda. Para que no trate de acercarse. Salgo de la clase en los descansos con el teléfono en la oreja para evitar que se me siga. A veces no le importa y viene a agarrarme el brazo igual. Como si mi conversación no fuera privada. Y por suerte hemos acabado por deshacernos de ella para los trabajos, diciéndole que trabajaremos por mail y foros. Se ha pasado dos semanas intentando obligarnos a quedar hasta que todos hemos dicho que no y por fin parece haber captado la idea.

No obstante, tengo un plan B como Annibal del Equipo A. Porque no nos podemos arriesgar. He pensado en imprimir las manchas y escribirle mi interpretación de las mismas. Seguro que averigua que soy una puñetera psicópata a partir de entonces se aleja de mí.

Aquí van mis interpretaciones, podréis compartir las vuestras conmigo y rezaremos todos juntos para que nadie entre aquí y nos diga lo que somos...

Esto son dos gremlimgs malos atacando a un escarabajo gigante.

Esto son dos cerditos cabezones, con las orejas gachas, estaban bailando y han chocado sus copas de vino sin querer y se les ha derramado. Los dos han pensado a la vez "¡¡Coño, el vino!!" y éso es lo que se ve rojo sobre sus cabezas. Es como el bocadillo de pensar de los comics.


Esto son dos camareros llevando una caja de platos sucios en una fiesta privada. Tienen un jefe muy autoritario que les da miedo, por éso entre ambos está la pajarita del jefe invisible, que es como que siempre le tienen presente. Como están muy estresados sufren de úlcera, y por éso ambos piensan en sus estómagos. En color rojo, que es el de la violencia.

Esto es... mmmm... pera...


Éste es Drácula levantando los brazos y haciendo uuuhh.

Ésto es una polilla común disfrazada de Drácula con escaso éxito.


¡¡Oh cielos!! ¡¡Algún Lannister ha conseguido matar a Viento Gris, el lobo de Robb Stark, y se ha hecho una alfombra con él!! Invernalia está en peligro...




Ésto son los restos de un felematrópodo que se han dejado una manta de hormigas carnívoras. Las patas estaban muy duras, algunas han intentado morderlo (se ven las marcas) pero han pasado de seguir.


Esto son dos camaleones con las colas desenrolladas. Están haciendo una apuesta para ver quién se camufla más rápido conforme pasan por ese... algo de colores.


Esto és la imagen íntima que una mujer tiene de su útero en el momento de la ovulación. Dos especie de dragones anaranjados representan el dolor de ovarios. Lo de abajo ya os lo imagináis.



Y la última lámina. Esto son un montón de estudiantes enloquecidos arrancádole los pelos a una señora rubia. Los mechones están dispuestos por toda la lámina, ya que se los arrancan y corren arrojándolos al aire y gritando despavoridos. Han traído dos pulpos azules venenosos para hacer que le abrasen la piel con sus tentáculos corrosivos y dos grillos grises gigantes que le van a instalar como auriculares, para que la dejen sorda. Hay más cosas en ésta lámina, pero me da miedo contarlas...

viernes 13 de noviembre de 2009

La escalera

Había una vez una escalera pública. No era una escalera lujosa. Tenía sus escalones, su baranda, sus dimensiones reglamentarias... y todos esos elementos cumplían con la loable función de unir dos plazoletas secundarias de un barrio cualquiera de Madrid.

Eso no impedía que la escalera tuviera su corazoncito. A veces, incluso, se sentía orgullosa de su naturaleza de atajo para algunos hacia la parada del metro. Los paseantes de perros matinales las subían y bajaban cada día, para reunirse en gropúsculos sociales:

"yo lo cepillo con un esprai maravilloso que me lo deja así de brillante", "yo al mío me le doy doc chou y dejo que se revuelque en la mierda, que asín es muncho más feliz", "el mío me trae el periódico y las zapatillas y le estoy enseñando a echarme los euromillones"...

Las amas de casa y los jubilautas subían la compra de la galería comercial por sus peldaños... los niños que volvían del cole con sus carteras saltaban en sus escalones... Los pesados que cada sábado juegan al futbol y cantan rancheras como si fueran Pavarotti subían por ellas sin caerse de boca -por desgracia, algo así evitaría el posterior alarde de talento musical- ni tropezar... en fin, llevaba la vida que cualquier escalera podía desear.

Pero de repente, sin previo aviso, llegaron los señores de los chalecos reflectantes. Después de colocar varios palés de adoquines mermando el escaso aparcamiento de una de las plazoletas, se olvidaron de cualquier piedad que pudieran albergar sus crueles corazones, y uno de ellos se puso a destruirla con un martillo neumático.

La escalera sintió un dolor penetrante, pero como era de piedra, las punzadas que sentía lastimaban su orgullo.

- ¿Acaso tengo algún defecto de construcción? ¿Acaso soy una escalera escurridiza, haciendo caer a los subientes o bajantes por mis peldaños? ¿Acaso albergo algún maldito charco de lluvia permanente en un rincón? ¡NO!! Entonces, ¿por qué? ¿Por qué me hacen ésto?

Entre el desescombro y la reconstrucción de peldaños, tardaron dos semanas largas en terminarlas. Hubo tres obreros - a menudo usando la técnica de prevención de riesgos laborales de "vigilancia en puntos distales": uno trabaja y dos miran, y así evitan deslomarse-.

Total, haciendo cuentas...




... nos viene a salir que tres tíos con salario base de peón, con su prorrata de pagas extras, vacaciones devengadas y su coste de Seguridad social, con el día de horas extras en festivo que era absolutamente necesario que hiciesen en el día de la Almudena, según las tablas salariales de 2009 del convenio de construcción, nos cuestan unos 4500 euros en salarios. Ni puta idea de costes de energía, alquiler de maquinaria y vehículos, cemento, baldosas y adoquines nuevos.

Y el resultado?

Tacháááánn!!

¡¡Una... escalera!!

La acera de abajo declaró a los medios:

- No sé qué ínfulas le han dado, en el fondo es la misma escalera de siempre. Mira, hasta la barandilla es la antigua. Pero desde que le han hecho el lifting está insoportable. Ya ves tú... vamos, que si a mí me echan otros cuatro mil quinientos euros no me daría tantos humos. Ésta, y las pistas de deporte de arriba... ¡JA! Con dinero público, así cualquiera puede presumir...
...

miércoles 11 de noviembre de 2009

Retales: el dorado

Casi lo tenía terminado. No era muy grande pero serviría de mantita para el cuarto de estar. No es que fuera una maravilla, pero miraba su obra con ternura. Había que sobrehilar el envés, convendría usar una entretela... En el centro estaba su pedazo de tela favorito. Era dorado de luz de atardecer. La que impregna el primer recuerdo. El Abu estaba sentado en el patio en su sillón alto, con su pierna tiesa, y ella se subió al travesaño de su sillón, agarrándose en el reposabrazos. Su madre no estaba, porque si no, le hubiera reñido: "¡¡Que vas a tirar al abuelo!!".

Jugaban al juego que él le había enseñado.

- ¿Sabes cuánto te quiero yo?

- Abuuuu, ¿Cuánto me quieres?

- Cien... - le ayudaba a empezar.

- ¿Me quieres cien arrobas?

- Noo, mááás.

- Abu, ¿me quieres mil arrobas?

- No, más, ¡más de mil arrobas... !

- ¿Diez mil arrobas?

- No, más, más de diez mil...

- Más de diez mil... dd... ¿¿Cien mil arrobas??

Entonces el Abu, riendo, describía un semicírculo hacia el cielo con su mano para contestar:

- ¡No, más! Te quiero mucho más.

Y recorriendo el camino de vuelta con la mano, le cogía la mejilla y la cabeza a la vez para besarla, aplastando su enorme nariz en la carita mofletuda.

martes 10 de noviembre de 2009

Retales: brillos de plata

El pedazo de las flores violetas quedaría estupendamente con el de los reflejos plateados. Además están en la misma acera de la misma calle. Hale, decidido.. Frap-frap... Un día llegaba a la calle de la casa de sus abuelos para regar las plantas y lo vió venir por la acera de enfrente.

Pero cuando iba a gritarle "¡¡Abuelo!!" - abuelo, abuelito, estoy aquí, ¿qué hora es?- dos viejecitas llegaron a su altura.

Salvando su decrepitud, el Abu apoyó la muleta derecha en el mango de la izquierda, sujetándola mañosamente con el pulgar. Entonces se quitó el sombrero, e inclinando un poco la cabeza, dijo: "Buenas tardes". Aquellas dos señoras le miraban sonriendo, ladeando sus cabecitas plateadas y lacadas de la peluquería de Paloma, y allí siguieron enseñando sus dentaduras postizas, plantadas en la acera como dos girasoles, hasta que el abuelo las franqueó.

Hay recuerdos que son como el vino. Con los años ganan en cuerpo y matices.

lunes 9 de noviembre de 2009

Retales: violetas

Y otro estampado de flores. Más verdes, azules y violetas esta vez. Como las del patio de la Yaya. Frap-frap, frap-frap. Desangelado sin su Juanita, se fue consumiendo poco a poco. Grandes arrugas verticales surcaron sus mejillas y las sienes se le hundieron como cuevas. Mientras pudo, siguió yendo a regar el jardín de la Yaya. Se citaba con alguno de los nietos cuando la hora del calor se había pasado, e iban a la casa en la que habían estado sus últimos años juntos. Con ella también quedaba. Lo recuerda subiendo por la calle, ligeramente en cuesta, - muletas, paso, arrastrada- y al acercarse, mirar su flamante reloj digital casio, plateado y grande. Se lo mostró:

- LEE.

- Cero ocho... dos puntos ¿cero cero...?

- ¡Las ocho! - y se reía, sacando una moneda de veinte duros de las nuevas; por haber sido puntual.

En el patio, ella cogía la manguera y la iba llevando, cuidando que no hiciera nudos, por las macetas y los arriates. La colocaba sobre un tiesto y, mientras manaba el agua, levantaba la cabeza para mirar al abuelo. Entonces, de repente el Abu decía "¡Ya!" y había que cambiar a otra planta. Así sobrevivían, aunque algo mustias sin la Yaya, las diamelas, el jazmín, la planta del dinero, los geranios... Cuando ya estaba prácticamente todo, ella se entretenía en mirar como las plantas agostadas parecían alegrarse de beber, tallos y hojas irguiéndose refrescados... y el Abu desaparecía del patio.

Entonces era triste. Si entraba en el corredor, podía ver las puertas de la sala de estar entornadas y ahí estaría el Abu, al fondo, cogiendo una foto tras otra de la Yaya, llevándosela a los labios con fervor, y murmurando con la voz quebrada: "guapa... guapa...!". Ella lo sabía porque una vez había entrado en el cuarto de estar sin que la oyera. Cuando llegó hasta a él, pudo ver que le resbalaban por la cara lágrimas como jamones. El Abu, contrariado, la miró con ojos que parecían llamarla "¡intrusa!" y le ordenó:

- ¡Vete!

Ahora esperaba en el patio, cogiendo los capullos de jazmín sin bordes rosa, que son los que han de abrir en el día. Como hacía la Yaya, que se prendía un ramillete de jazmines que le iban floreciendo sobre el calor del pecho en el vestido hasta formar un broche perfumado. Cogiendo jazmines se entretenía mientras esperaba a que el Abu terminara.

Y así fue mermando, más de amor que de viejo, sin perder esa prestancia que le caracterizaba a pesar de todo.

domingo 8 de noviembre de 2009

Retales: Ocres

Otro estampado, en ocres... éste irá precioso en contraste con el azulón grisáceo y el rojo... mmmhh... hilvanemos... ¡y qué le vamos a hacer! Si no vale discutir... las cositas del querer de la vida son así.

Los ocres de las manos del Abu. Aquella piel morena y manchada, pegada a los huesos de un cuerpo castigado... pero escudo infalible para los ojos. Escudo que usaba cuando no quería mirar, como con las inyecciones, y también cuando no quería ser visto. Cuando se enfadaba, apoyaba el codo en el brazo del sillón, y desplazando el cuerpo hacia ése lado, ocultaba la mirada tras la mano. Pero entreabría los dedos para espiar con el rabillo del ojo. Esa treta la conocían todos, así que cuando le encontraban la pupila y se sentía delatado, movía los dedos y cambiaba la apertura, y el juego del espía volvía a empezar.

El enfado no sólo le aportaba la visión de rayos X a través de sus manos, sino que minoraba su sordera. Porque se estaba quedando sordo. Ella recuerda una nochebuena, en aquella mesa larga familiar, y el Abu presidiéndola. Se había hecho un corte en un dedo, partiendo pan con el cuchillo en vilo, mientras ella miraba. Pero no se dio cuenta. La sangre empezó a gotear sobre su plato...

- A... Abu... te has cortado...

El Abu, con el ruido ambiente y la sordera, ni se enteró.

- ¡¡Abu, que te has cortado!!

La cena continuaba sin más incidencia que la sangre de la mano del Abu vertiéndose sobre su comida, y ella gritó aún más

- ¡¡ABUELO, EL DEDO!! - y al fin, poniéndose de rodillas en el banco para ganar entidad entre las cabezas de sus hermanos -¡¡¡ Mamá, que el Abu se ha cortado!!!

El Abu no se había enterado de nada.


Pero éso sí, si sus dos hijas susurraban algo entre ellas a cuatro metros de distancia cuando él estaba enfadado, podían escucharle decir:

- ¡¡Que os creéis, os estoy oyendo!!