domingo 15 de enero de 2012

El síndrome Madonna

O lo de reinventarse en la era digital.

Hace ya casi seis años que tengo blog. Jo Perli, cómo pasa el tiempo. Cuando me fui de la isla me regalasteis fotos de antes y de después de empezar el blog y nos veo tan jóvenes, pienso en quiénes éramos y lo que sabíamos y lo que soñábamos...

Seis añazos. En ese tiempo ha pasado de todo. Hemos hecho de todo. Y algo que empezó casi de casualidad, acabó teniendo unas consecuencias que no imaginábamos. Perli y Zagloso de Papúa van a ser padres. Misia y Anómalo también son una pareja feliz. Gato se fue de Mallorca para vivir con Rebilated en la ciudad de los hombres grises, porque está claro que esta ciudad se come el tiempo. Y aunque no hemos sido constantes, nuestros blogs han ido actualizando más o menos a nuestros alter egos en la red, contando dónde andamos y cómo andamos. Cuando se puede contar.

He hecho reflexiones sobre lo que he leído a mi alrededor. Más raramente sobre mi propio blog... ya se sabe, a veces se vomitan palabras sin pensar y una vez liberadas, tampoco conviene remover demasiado; que las emociones vuelven vívidas y no siempre quiero repetir un plato que comí por aquí.

El caso es que soy consciente de lo inconsciente que es este blog. Por éso me sorprende ver cómo algunos son inconscientes de lo que hacen en sus blogs. Cómo algunas personas buscan desesperadamente proyectar una imagen a través de ese monstruo digital que todos tenemos dentro, con tanto ahínco, que su personaje acaba comiéndoselos a ellos y a menudo con mala fortuna, porque se les ve el plumero. Creen que son conscientes... hasta que el personaje se les va de las manos.

Cambios de nombre, de blog y hasta de rasgos personales se suceden hasta que, como Madonna, aparecemos con un nuevo look, una nueva canción y proyectando una imagen de éxito que nos hace sentir mejores, más fuertes, más populares. ¡¡Joder!! Llega cualquiera, hace un click y tú lees "tienes un seguidor nuevo".

Algunos se obsesionan. Estudian sus reportes del Google Analytics hasta que descubren qué cosas le hacen a uno objeto de incontables visitas y les traen un aumento de seguidores, para repetir las hazañas.

A veces es un nombre de famoso (apuesto que a partir de ahora, Madonna va a ser una de las claves de entrada más importantes, aunque nunca llegará a tener el gancho de las tetas de Alaska. Comprensible, por supuesto).

A veces, un argumento de cariz político, especialmente extrema izquierda, convierte a fans acérrimos que no van a poder juzgar que seas un personaje artificial o chirriante en otros aspectos. Eres guay porque eres tan de izquierda que tienes contracturas en la espalda que atestiguan que vives girado de ese lado.

En chica tenemos la versión calienta-lectores. Este rol no funcionaría en absoluto para un maromo, pero en internet, una tía... ni siquiera necesita tener buenas tetas. Con decir que las tiene, basta. Y con dejar nebulosa su situación sentimental real, manipulando las expectativas de éxito de sus lectores, que se sortean su próximo comentario insinuante, tiene una horda de ¿osos babosos, Misia, Be? que alimentan una autoestima que en el fondo es directamente proporcional al número de seguidores en el blog y en twitter. Lo curioso es que estos personajes se convierten en auténticos expertos en redes sociales, alentados por una soterrada carencia de autosuficiencia emocional, o en palabras de Xisca, motivados por un hambre de séquito insaciable.

Mis preferidos utilizan muy bien las emociones, llegan a ese pequeño ser lleno de dudas que somos muchos, para contar una debilidad/tribulación sobre algún aspecto que nos cuesta entender o digerir o manejar y lo exponen con gracia. No sabemos ligar, o no sabemos escoger pareja, o no sabemos evitar que nos exploten los trepas en el trabajo, o no sabemos vendernos o cualquier otra cosa. La Perri o Speedygirl son muy buenas haciendo esto; tocan la fibra y consiguen aligerar la bruma compartiendo razones de autoescarnio.

Y los más tristes utilizan su blog para mentirse a sí mismos. Para convencerse, necesitan convencer a otros: así que la popularidad, aquí, es instrumental, para sostenerse en la mentira que aplaca sus rumores internos. El problema es que tienden a optar por hacerse personajes cañeros, desafiantes, que muestran una madurez y autoestima impresionantes. Y dice el refrán (¡qué sabio es el pueblo!) "Dime de qué presumes y te diré de qué careces."

La profundidad del daño que tu personaje te puede hacer se manifiesta tarde o temprano. Sé de un personaje cuya disonancia era tan grande, que primero tuvo que moderar comentarios de forma permanente, y finalmente ha terminado por eliminar su blog. Plutón Verbenero se ha quedado con un link tonto. Puedo decir que me da pena ella, aunque me alegro, porque amparándose en criterios profesionales decía barbaridades, vergonzosas, que podían creerse lectoras que en el fondo, conectaban con ella porque compartían su debilidad. Y la trampa que se hacía a sí misma, la enseñaba a otros, diciendo que estaba profesionalmente cualificada para dar credibilidad a un mensaje envenenado.

Descansen en paz -y hayan aprendido algo - quienes la cagaron más que yo. Porque algunos (y no digo muchos, porque este blog nunca ha tenido muchos lectores) habrán leído lo escrito, y también lo que no escribí, pero sí mostré entre líneas, y es posible que sepan más de mí que yo. Así que, porque no tuve demasiado público, o porque no atraje a ningún troll, nunca he tenido que capar el blog o pensar en eliminarlo por presiones externas.

Voy a mostraros algo que nos gusta mucho a los tontos de Recursos Humanos para reflexionar sobre vuestra identidad en la red: la ventana de Johari.
Las zonas peligrosas las he querido poner en ámbar y rojo, a modo de semáforo. La primera zona de riesgo es lo que yo sé de mí, pero pretendo ocultar. A menudo no somos tan buenos mintiendo como nos creemos.

Pero lo que es definitivamente una gran putada, es el yo ciego. Lo que yo no sé de mí, pero los otros saben perfectamente. Y en un blog personal ¡nos mostramos tanto...!

El gris oscuro no es tan peligroso como las otras dos zonas. El yo desconocido es el que cuenta que sería capaz de matar a un hombre si tuviera un arma y me sintiera amenazada. Ni ese hombre ni yo lo sabemos, porque no se ha presentado la ocasión, pero éso no es algo que previsiblemente tenga que preocuparme.

En fin, queridos, disfrutad de vuestros blogs. Y si piensan reinventarse... no olviden vitaminarse y supermineralizarse.

domingo 1 de enero de 2012

Bienvenidos a 2012


Ya ha llegado el esperado 2012; el año del fin de la crisis, que nos dijeron hace un tiempo, juas.

Pero también es el año en el que se acaba el mundo. A lo mejor por éso la crisis ya no debe preocuparnos; ni éso ni que nos suban el IRPF ahora en enero, que son chorradas que a quién le van a importar. Afortunadamente Rajoy ya tiene la mayoría absoluta necesaria para hacer lo que debe hacer -excepto cumplir las promesas hechas antes de las elecciones-. Mayoría absoluta de la que misteriosamente nadie se hace responsable.

Por cierto, a todos los votantes arrepentidos: agarrarse los machos, que yo no le he votado y también voy a sufrirlo. Y no digáis que no os pensábais que iba a ser así... porque entonces además de todo, somos un país de gilipollas que se merece lo que quiera que venga a partir de aquí.

Pero no venía yo a hablar de política... que venía a desearos feliz año y que todos vuestros deseos se cumplan. Y todos los míos.

Lástima que me pille pesimista este uno de enero (he dormido poco para comer chocolate con churros) y mis deseos no sean del todo molones. Hoy no tengo ganas de hacer mi tesis. Tampoco tengo ganas de trabajar, pero aquí estoy echando la tarde con cosas que mañana tendré que contarles a mis adorados jefes de Martínez Mercenarios S.L. Que no, que no me quejo, que tengo trabajo y éso es una suerte.

Es sólo que me estoy hartando de ser española. Pero Rebi no quiere venirse conmigo a vivir a Australia. O a Chile. O a Corea del Sur. O a Japón, que con sus tsunamis y terremotos todavía nos va a dar sopas con hondas a toda Europa antes de que hayamos decidido cuál el siguiente rescate.

Aquí estamos bien. Al fin y al cabo tenemos trabajo, que es una suerte, y todo lo que uno puede necesitar para vivir. De momento. Y mañana ya veremos.

Pero un gato es un puto coñazo, incluso para el propio gato. Porque siempre va más allá, siempre mira más lejos, y además tiene la jodida manía de ponerse en el peor escenario. No es pesimismo, es un ejercicio de puesta a punto mental: un gato se pregunta qué es lo peor que puede pasar, para prepararse y soportarlo. Y un gato se mira las zarpas ahora de un modo distinto: porque ve en ellas su edad. Treinta y cinco en cuatro meses.

Y no sabe qué tiene, qué pasa, qué es lo que no acaba de encajar, porque alrededor todo está bien, qué cojones, lo tiene todo bien montado. Más o menos así:


Si, lo sé, es estúpido querer largarse de un sitio así. Me lo dijo mi amigo el hamster. Pero un gato no puede evitar preguntarse qué pasaría si pudiera vivir en un sitio donde no supiera exactamente de qué color termina y en donde desemboca el tobogán amarillo de al lado de la casita.

Sí, es cierto, da un poco de miedo pensarlo. Mejor nos estamos quietos.

sábado 17 de diciembre de 2011

Destreza y habilidad al volante

¿Cuántas veces habéis visto a una persona hacer una maniobra impensable en el coche? ¿A qué habéis atribuido semejante hazaña? ¿Torpeza, estupidez, descoordinación?


Ésa es mi respuesta en la mayoría de las ocasiones. Alguna explicación simple relacionada con el hecho físico de que alguien conduce como el culo.

Sin embargo, el otro día alguien me dio una lección de asertividad que fue como un mazazo en la cabeza. Además de hacerme reír mientras lo hacía. Ésta es la historia.

Íbamos en el coche de camino a una cena, con una hora de retraso. Veníamos de una charla que había dado Beva, y teníamos que hacer el recorrido dejando a su novio en el camino. Y en un momento dado nos encontramos en el segundo carril de la izquierda, en una calle de 5 carriles para el mismo sentido, en un semáforo en rojo. Teóricamente seguiríamos de frente, pero el novio de Beva dijo:

- Podríais dejarme en esta esquina a la derecha, y así vosotras os váis ya a la cena.

Un gato, en esa situación, hubiera continuado de frente. ¿Cruzar tres carriles en 5 metros para parar? No, no era posible.

Pero Ru sabía que era posible, utilizando una estrategia sorprendente para mí.

- HECHO. A ver, intermitente, cara de lerda, ¡perdón señores, que tengo que ir hacia allí!- y diciendo ésto puso una cara de gilipollas descojonante, desencajando la mandíbula hacia adentro y con un gesto bovino inigualable, empezó a cruzar carriles mientras un aprendiz de autoescuela nos pitaba, presumiblemente siguiendo órdenes de su profesor.

Si yo hubiera estado en un coche de los alrededores hubiera pensado "cuánto lerdo hay al volante". Pero como iba de copilota, sabía que Ru, de lerda, tenía menos que yo de rubia. Era una tía muy lista, lo suficiente como para conseguir lo que quería justo en aquel momento.

Así que la próxima vez que veas a alguien haciendo algo absurdo en el coche, concédele el beneficio de la duda. Y aprende de la jugada.

sábado 3 de diciembre de 2011

The miopía's end: the surgery


- Hola, tengo cita para cirugía.

- Muy bien, aquí tienes el antibiótico y un Tranxilium.

- ¿Es fuerte el Tranxilium?

- No, no te preocupes.

- No, verá... es que soy bastante nerviosa, y una cagaílla... y quiero que sea fuerte. ¿Me hará efecto suficiente?

- ¿Tomas calmantes habitualmente?

- No, pero me conozco y sé que me pongo como una moto. Y ésto me da miedo.

- Bah, no te preocupes...

Pues nada. Un gato se fue a la sala de espera. Estuvo mirando el twitter para no pensar, hasta que una rubia, también miedica, identificó la similitud y se puso a hablarle. Entonces un gato tuvo que animarla, ya se sabe... Hasta que la llamaron.

Le dieron un pijama y un gorro de cocinera desechables, y le dejaron en un pasillo, sentada en un banco ikea, con la cara pintada con Betadine y los ojos cerrados. Pasaban los minutos. No podía abrir los ojos, la piel se iba secando a lo cartón piedra, no tenía música, ni twitter, ni nada. Sólo un gato, con el baile de san vito en las piernas y balanceándose hacia adelante y atrás como los locos...

Sale una enfermera.

- ¿Cómo estás?

Se conoce que lo del lenguaje no verbal no lo pillaba la muchacha.

- ¡¡Mal, nerviosa!!

- Bah, no te preocupes, si es muy rápido... Abre los ojos, levanta las cejas para despegar bien... así, muy bien. Por aquí.

Y la tumbaron en una especie de camilla de dentista.

Un chico joven le dijo:

- ¿Cómo estás?

- Nerviosa -no sé para qué preguntan si no hacen ni puto caso- soy muy aprensiva.

- Bah, no te preocupes, no te vas a enterar de nada - y dicho ésto, pasa un rollo de cinta adhesiva alrededor de la cabeza y deja a un gato pegado a la camilla.

- Ya, claro, por éso me apresas aquí.

Y se descojonan los muy cabrones.

Y empieza la operación. Es verdad que no nota nada, no duele, sólo es que es raro y son tus ojos y no mola que estén haciendo cosas en tus ojos. Me cago de miedo y no puedo evitar mover los pies. Y las manos. Y los ojos. Y entonces me dicen tres a la vez, excitados:

- ¡¡Nonono, no muevas los ojos!!

- ¡¡¡Es que no veo el punto verde que me decís que mire!!!- normal, me están regando el ojo con suero, tengo una piscina encima, como para ver puntos verdes o cualquier otra cosa... y me termino de cagar de miedo, y lloro. El médico debe darse cuenta de que recoge más líquido del que él echa. Y un gato manda un mensaje telepático a la enfermera: "¡¡DAME LA MANO, MALDITA ZORRA, QUE ESTOY ACOJONADA!!"

Se conoce que la enfermera lo oyó, porque me dió la mano, y sólo la soltó para cambiar de ojo y diciéndome:

- Ahora mismo te vuelvo a dar la mano, sólo voy a coger la manta para el otro ojo.

Me porté mejor, ya no me moví nada y a pesar de todo, la operación no pasó de 10 minutos o un cuarto de hora. Una tontá.

Fuera me esperaba el Rebi:

- Hola cariño... ¿qué, cómo lo ves?

Al rato de salir a un cuarto en penumbra, me llevó al coche, mientras yo casi no abría los ojos; me molestaba abrirlos y me daba miedo parpadear.

Entonces Rebi, para entretenerme en el atasco, se puso a hablar sin parar. Y se le ocurrió un juego:

- ¡¡VEO, VEO!!

Al final siempre me hace reír el jodío.

P.D. Después de dormir la primera noche, los ojos se recuperaron, ya no dolían nada y veo como con mis gafas, pero sin ellas. Es maravilloso.


lunes 21 de noviembre de 2011

The miopía's end

Rebi me vino con un cartoncito azul a casa.


- Mira, estaban en la Vaguada haciendo una promoción de operación de ojos, justo ahora que lo estabas pensando. Setecientos pavos por ojo.

Ni me lo pensé. Al día siguiente llamé para pedir cita y que me hicieran las pruebas.

Y llegó la tarde de la prueba. Un gato estaba nerviosa, pensando en que le iban a abrir el ojo con un bisturí para acabar diciendo : "no, no eres apta, con tus gafas hasta que te mueras".

Así que se plantó en la sala de espera con el folleto informativo que le dieron.

"La operación no es dolorosa, algunas personas dicen que son las luces más bellas que han visto". "Operar la córnea no es operar el ojo: es como si dijéramos que una intervención en una oreja es una cirugía cerebral". Todas estas mentiras las tienen en el folleto de la sala de espera con un solo objeto: que te dejes operar.

El caso es que me pasaron por todo: la máquina del globo, la de la casita, el soplío en el ojo, y las gotas que te dejan como el gato de Shrek:


Cuando te ponen las pupilas así no ves un pijo. Así que me quité las gafas e hice de Rompetechos un rato, mirando mi móvil a seis centímetros de mi nariz. Así, además de tener las pupilas dilatadas, estaba bizca. Tranquilo Rebi, nadie me invitó a una copa en las tres putas horas que estuve allí.

El hombre que se propasó llegó más tarde. Me dijo que tenía que mirarme el fondo del ojo, y me asusté porque lo había dicho en singular. Pero cogió una linterna y me la enchufó en un ojo de la cara hasta que sentí que la luz se me clavaba como una aguja de hacer punto. Me salían unas lágrimas como jamones.

- El ojo se defiende llorando.

- Pues como le sigas agrediendo pasamos al ataque de ácido, que lo sepas.

El médico se ríe y pasa al otro ojo. Termina de deslumbrarme y me echa unas gotas.

- Ésto es analgésico, porque ahora te voy a tocar la córnea.

- Pues a mi novio que vas, que me has tocado la córnea. En cuanto llegue se lo digo y te vas a enterar...

Es lo que le pasa a un gato. Cuanto más acojonada está, más gilipolleces dice. El caso es que el médico tardó un poco más en tocarme la córnea, por que nos dió la risa floja y no era plan...

Ah, y soy apta. ¡¡Yuju!!

domingo 20 de noviembre de 2011

Mi psicopatita y yo

Después de sufrirlo durante meses, como las hemorroides, en silencio, voy a escribir sobre ello. Este es un post de "it's my party and I cry if I want to", o más bien,"es mi blog y me lo follo cuando quiero". Así que corazones sensibles necesitados de rosa y de historias en las que todo sale bien, debéis dejar de leer desde aquí.


Martínez, fundador de MM (Martínez Mercenarios S.L.) es lo que viene siendo conocido como un puto loco de los cojones. Hoy dice A, mañana dice B, y pasado H. Todo el mundo está en su contra. Todo el mundo es, parafraseo, un "pigmeo intelectual" que no sabe ni atarse los cordones de los zapatos. Puede decirte ahora mismo que te agradece mucho que le escuches e intentes solucionar el problema que se acaba de inventar, y exactamente tres minutos después, decirle a Carol, su secretaria, que no le escucho ni hago nada por él porque no me da la gana.


Y va in crescendo. Como ni familia ni amigos le soportan desde hace tiempo, su círculo se cierra. Así que ha de llenar sus fines de semana con otras compañías. Por éso se dedica a llamar a todo cristo (de la empresa) en fines de semana y festivos, para que vengan a trabajar con él. Como es el jefe, la gente se acojona y le coge el teléfono, claro. Y así tengo yo a una horda de mercenarios y secretarias hartos, quejándose, pero cediendo a los chantajes de este cabrón cada vez que los reclama.


Un gato quiere matar. O al menos, ver morir. Martínez Junior y Raravis se niegan a hablar con su padre. Las excusas son variadas, desde "yo no tengo ascendencia ninguna con mi padre, no va a servir de nada" hasta "no me sale de los cojones".


Pero todo lo que se ve que está fatal y parece insostenible tiene una tendencia inevitable a empeorar, para demostrarme lo equivocada que estaba. Así que, como tres jefes eran poca cosa, esta semana recibo una llamada:


- ¿Gato?

- Sí, soy yo, dime, Luci Mari.

- Te llamo porque, no sé que te habrán dicho mis hijos, pero tienes que ponerle una secretaria a mi marido YA. Porque yo no pienso soportarle un fin de semana más así.

- Discúlpame, Luci Mari... estamos buscando a gente, pero no es posible tenerla tan rápido. La empresa de trabajo temporal nos ha mandado un perfil de una mujer de 47 años, que a Martínez no le ha parecido adecuado. - el hijo de la gran puta las quiere jóvenes, para que además de aguantarle sin cuestionar nada por la falta de experiencia, estén buenas- y sigo buscando. Además de que saldría como a 200 € por fin de semana y tus hijos no están dispuestos a pagarlo, aunque éso sería una solución a corto plazo -mientras encontramos a una pringada, que pringado tampoco le va bien, que necesite aceptar un curro mal pagado para trabajar hasta las 10 de la noche y los fines de semana, aguantando a un ególatra esquizoide-, ya que buscamos a una secretaria a media jornada que cubra cuando Carol termina la jornada: noches, viernes por la tarde y sábados.

- No me digas que con la crisis que hay no vas a encontrar a nadie, será porque no quieras.


Un gato se muerde la lengua. Mucho.


- Estamos haciendo lo que se puede, Luci Mari, tenemos mucho trabajo además de esto. Voy a hacer lo que pueda, pero no te garantizo que hayamos encontrado a alguien antes de este fin de semana.

- Mira, Gato, soy la accionista mayoritaria de Martínez Mercenarios S. L. y tienes que hacerme caso a mí. Me da igual lo que te digan mis hijos, así que consigue a alguien ya. Que se acerca el fin de semana y me lo mandáis a mi.


WTF???

¿Que YO, currante de vuestra jodida empresa, TE MANDO a casa a TU puto marido en el fin de semana? ¿¿Pero es que aquí nos hemos vuelto todos locos??


Mientras tanto, el otro me cuenta que piensa en cuchillos, en matar a su mujer y a sus hijos. Y me entero, por el financiero, de que cierto intento de agresión ya ha sido cometido. Pero como nos gusta demasiado el dinero, negociamos con el loco, tapamos y maquillamos, y seguimos adelante. Que la pasta está por encima de la dignidad, la ética y otras mamarrachadas por el estilo. Éso sí, que las consecuencias de ese pacto perverso las apañe otro. Asalariado a ser posible, que no pueda negarse.


Un gato recomendando psicólogos desde mayo. Mi mayor triunfo ha sido conseguir que el cabrón de Martínez pida cita. Seis meses después. Ahora sólo falta que vaya. Y que le sirva de algo. Casi nada. Aunque mi diagnóstico definitivo es que no padece ningún trastorno de personalidad: se trata de un malvado frustrado porque no cuenta con el poder de antaño para joder al prójimo, y esa frustración creciente le hace pegar las dentelladas y justificarse con mentiras increíbles que sólo él se cree ("tengo un cáncer, me voy a morir y esta empresa se hundirá conmigo", "si hubiera tenido un cuchillo en aquel ascensor, hubiera matado a mi hijo", "tengo demasiado trabajo y necesito una secretaria el fin de semana", "puedo morir matando" y un laaaargo etcétera).


Y yo que pensaba que había vivido mucho y que estaba preparada para situaciones surrealistas en empresa. Chúpate ésta, gato imbécil.

miércoles 2 de noviembre de 2011

Push-(the lie)-up

Un gato es de Castellón de la Plana. Lo ha sido siempre. Si tiene algo más de pecho en un momento dado, es porque tiene la regla, o ha engordado (el triple de culo y de piernas que de tetas, por supuesto) o las dos cosas a la vez.

Pero después de una adolescencia miserable al lado de dos amigas (las gemelas buenorras, tetas de la 105 C desde los trece años), un gato acabó por aceptar lo que había y sacarle partido a la ropa como mejor pudiera.

Heme aquí que, sin embargo (y como ya contó Misia en una ocasión) me entero con 34 años de que llevo toda la vida con la talla de sujetador equivocada. A todas las que tengáis dudas, coged una cinta métrica y comprobad vuestra talla en esta tabla de la wikipedia.

Ni que decir tiene que me he sentido aliviada al saber que hay sujetadores que no me van a sacar las mollas de la espalda, triturándome el contorno para que la copa tenga la medida adecuada para mis pequeñas. Pero ha llegado el momento complicado de la historia: comprar un sujetador de mi talla. Que no hay. Debe ser que las mujeres con una espalda así de ancha deberían tener más tetas... así que mi talla con mi copa A (la copa de las de Castellón) no se compra fácilmente.

He ido en distintas ocasiones, a distintas tiendas, a lo largo de los últimos dos meses, buscando un sujetador de mi talla, no sólo no he llegado a encontrarlo y comprarlo, sino que he terminado de comprobar que hay dos grandes perversiones a las que las mujeres españolas nos tenemos que enfrentar para comprar lencería.

La primera, la de que se nos llame imbéciles. Como en el anuncio del sostén chungo de la teletienda:

- ¡Un ochenta por ciento de las mujeres llevan una talla de sujetador equivocada!

Lerdacas. Si es que somos unas lerdacas. El hecho de que haya cuatro copas distintas entre las que se mueven la mayoría de las mujeres (que se fabrican en España escasamente) y otras siete u ocho en el resto del mundo (que aquí ya ni las contemplamos), puede tener algo que ver... Ya que en la mayoría de sitios venden sólamente la puta copa B.

¿Qué podemos hacer entonces las pechiplanas, tetorrillas y supertetorras? Pues pillar la copa B que mejor se adapta a lo que tienes y conformarte con triturarte la espalda, comprar extensiones o hacerle un nudo en la espaldilla al sujetador (recuerdo a las gemelas tetudas hacerlo, para que aquello sujetase algo). Sí, puede que el 80% de las mujeres no seamos gilipollas: tenemos en el mercado lo que tenemos y con éso nos tenemos que vestir.

Yo he descubierto que en el Tajo Británico, que lo venden teóricamente TODO, y cobran bien por ello, sólo puedo comprarme un sujetador de mi talla en la marca Calvin Klein. Que me parece un timo, así que me niego.

Pero viene la segunda perversión, que nos afecta más a las de tetas pequeñas o normales: el afán por enfermarnos a todas con el síndrome de la teta amígdala. El mensaje es el siguiente: "si tienes una copa A o B, tienes las tetas pequeñas. Así que te vamos a ayudar metiéndote relleno de cojines en el sujetador, porque tan plana como tú no se puede ir a la calle, nena". Además, nueve de cada diez veces el relleno será integrado, así que no se lo vas a poder quitar aunque el resto del sujetador te guste.

Resultado número 1: la teta balón de rugby. Tienes una teta de relleno dentro del sujetador, y la tuya sobresale por arriba, de suerte que la glándula mamaria acaba haciendo desaparecer las clavículas. Que queda muy fino con un escote, oye. A veces el volumen de relleno es tal que cuesta mantener el pezón dentro del cacillo, pero bueno, mal menor.

Resultado número 2: el fiasco. Sí, porque si con el push-up se consigue una estupenda hard on, cuando dejamos de push, cabe la posibilidad de que pasemos de on a off. Una putada. El hombre se siente traicionado y la mujer... pues se siente menos.

Y me jode sobremanera, porque hay miles de cuerpos estupendos, pero si se empeñan en meternos prótesis para corregir algo que no es un defecto, acabamos pensando, el día menos pensado, que lo mejor es invertir en unas tetas de silicona. Y así ya estaremos bien.

Desde aquí, y con la acritud que me dan mi mala leche hormonal y genética y mi hartura vital, reivindico:

TENGO LAS TETAS QUE TENGO Y ME PARECEN BIEN.

A tomar por culo fabricantes, distribuidores y dependientas del corte inglés "este queda fantástico, deberías probártelo". ¡¡Tus muertos, que no quiero que me revienten los botones de las camisas!! ¡que si me vendes este sujetador, me tengo que comprar un armario nuevo, hombre ya!

Chicas, todas vuestras tetas son perfectas. Que nadie os diga lo contrario. Coñio.