lunes, 8 de mayo de 2006

El café

Lo prometido es deuda, y como las Supernenas han tenido la deferencia de linkearme (jopeta, snif!) les voy a contar la historia del momento más largo, sandía laboral record. Esta historia no está basada en hechos reales: es un hecho real.
Después de un año de trabajos de hostelería (esto es otra historia y debe ser contada en otra ocasión) por fin bajamos a vivir a Palma, que era mi oportunidad de buscar un trabajo fuera de la hostelería. Viví momentos de histeria "Nadie me quiere, nadie me contratará jamásss!" hasta que empecé en el Grupo Nenerente como recepcionista, como puede constatar la Perli. Esta es una editorial de economía y turismo, con varias revistas, agencias de noticias, periódico digital... Mi cometido era bastante simple, atender al teléfono, tareas básicas de administración y hacer las veces de secretaria del superjefe, el Sr. Carretero, un empresario andaluz.
Premisas, información e instrucciones recibidas en los primeros días:
- El Sr. Carretero es muy duro, se enfada y grita a todo el mundo.
- Mucha gente ha llorado con él.
- Si él te pide algo, deja inmediatamente lo que estés haciendo y ponte con lo que él te diga.
- Y si no le entiendes, pregúntanos antes de cometer un error.
El despacho del Sr. Carretero estaba justo delante de mi mesa en recepción: es decir, que podía oir si tecleaba en el ordenador, si cogía el teléfono, o si me tiraba un pedo. Mucho, mucho estrés.
Yo tenía una antigüedad de una semana en la empresa, y acabábamos de servirnos café en la cocina (yo lo tomo con leche, en un tazón de esos tipo mug), cuando, el Superjefe asoma a la puerta y me dice:
-Llama al Zr. Piñero, de Zoltour y cuando lo tengas ar teléfono, me lo pazas.
[Inciso: Superjefe se codea con toda la crem de la crem hotelera de mallorca. Tiene sus números directos e incluso móviles, pero que sus secretarias perdamos tiempo para que ellos no aprieten los botones del teléfono es un juego de prestigio]
Cuando desaparece de mi campo de visión, recuerdo las palabras de mis compañeras "deja inmediatamente lo que estés haciendo y ponte con lo que él te diga" y pienso, arrebatada: ¡¡LA AGENDA, DÓNDE ESTÁ EL TELÉFONO DE SOLTOUR!!
Me incorporé con un impetú generado desde el miedo, alargando los brazos, con tan mala fortuna que tiré todo mi café con leche sobre el teclado del ordenador y la centralita de teléfonos. Horrorizada, me quedo mirando a la centralita esperando un cortocircuito, o algo, pero reaccioné y me fuí a la cocina a por una bayeta. Salí, sequé un poco la mesa, el café rebosaba por la cajonera y al suelo; la bayeta se empapó, de modo que en lugar de secar esturreaba el líquido, apestándolo todo de leche... Entraba, goteando café con leche por el suelo y la escurría en el fregadero; volvía a salir, y quitaba excedentes de leche de la centralita, lo que más me preocupaba. Como centralita que és, cada vez que aprietas un botón se corresponde con una línea de la oficina, de modo que yo limpiaba con la bayeta sobre el teclado y los teléfonos iban sonando al fondo, en la redacción. Yo levantaba levemente el auricular para colgar compulsivamente mientras a lo lejos oía "¿Siií? ¿Dígameee?" "Pero, ¿Qué coñ...?" mientras vigilaba la puerta del superjefe, al cual aún no le había buscado el teléfono de Soltour, y hostias, cómo se llamaba el tío con el que quería hablar...
Vuelvo a la cocina corriendo, escurro la bayeta de nuevo y le doy un repaso a todo que queda mojado, oliendo a grasa, de café con leche, pero exento de charco, lo que ya es un ecosistema que permite buscar en la agenda y hacer la puta llamada y pasársela al jefe antes de que salga y vea que me he cargado la centralita, joder, que estoy en los quince días de prueba. Abro el cajón y escondo la bayeta en él, que cae haciendo chof sobre los clips, y los bolígrafos.
Por suerte, en la agenda que me habían dado, al buscar Soltour, venía el nombre del señor en cuestión, así que levanto un centímetro el auricular para que me permita marcar mientras leo el teléfono en la agenda. Cuando empiezo a marcar, veo por el rabillo del ojo que alguien entra por la puerta. Termino de marcar mirando al señor que se queda de pié, delante de mi mesa y le digo "Enseguida le atiendo" mientras me coloco el auricular en la oreja mirándole con una sonrisa cortés.
-Por favor, con el Sr. Piñero?[...] Sí, de parte de el Sr. Carretero [...] Sí, espero, gracias.
Me dirijo al señor, aprovechando la espera con la música demoniaca de "Bahía príncipe, bahía príncipe..." y le pregunto qué desea. Me contesta reprimiendo una risa que ha quedado con el Sr. Carretero, que se llama Miguel Codolá. Yo le contesto que le tengo que pasar una llamada, y cuando lo haga, avisaré al Superjefe de que está ahí. Cuando vuelvo la vista a la mesa, mis ojos se quedan clavados en el seno en que se cuelga el auricular. Es un cuenco. Un cuenco lleno de café con leche. Miro la agenda y tiene unas gotitas sobre el papel, y entonces... muy lentamente... separo ese auricular de mi oreja... y lo miro bizqueando... mientras compruebo al tacto que mi pelo, mi cuello y mi camisa chorrean café con leche... dejo de mirar el auricular para mirar mi mano pringada... El Codolá mira al suelo sufriéndo convulsiones silenciosas que le van a matar de una contractura muscular, mientras yo invento la estrategia de mirar al infinito, sujetando el auricular próximo a mi oreja haciendo palanca con el dedo meñique tieso, para que no se pegue del todo... "Bahía príncipe, en Bahía príncipe, yo quiero estaar..."
De repente se puso la secretaria del Sr. Piñero, "¿Siiií? Le paso al Sr. Piñero " Y yo marco rápidamente la extensión de superjefe y le digo, "Sr. Carretero, le paso al Sr. Piñero. Ah, aquí fuera está el señor Codolá, que tenía una cita con usted" "¿Codolá padre o el hijo?". "Eeeh... eeh...pues no sé Sr. Carretero..." "Bueno, ahora zalgo a por él".
EPÍLOGO: Cuando el Codolá entró en el despacho del superjefe, cerraron la puerta y escuché las carcajadas. La centralita sufrió atascos de botones durante semanas por culpa del café con leche solidificado. No me echaron. No sé por qué.

11 comentarios:

Zagloso dijo...

¡Cómo despido Gato! Un aumento de sueldo es lo que mereces, a pesar de lo adverso de la situación conseguiste cumplir con tu misión. Rambo no mostró ni más valentía ni un mayor arrojo.

Eres sobregatuna: ¿Cómo conseguiste mantenerte imperérrita ante Codolá?

Be dijo...

Jajajajajajaja!!!

Gato, esta historia es buenísima. Podría haberme pasado a mí! Genial. Me voy a casa con una sonrisa y mogollón de buen rollo...

Mary Chirla dijo...

Ajajajaja¡¡ajajajajaj¡¡¡ ajajajaja¡¡ Maravillosa, maravillosa historia. Este post debería quedar para los anales del mundo bloggero. Madremía que follón con el zeñor Carretero¡¡¡¡ ajajajajaja. Me has alegrao la mañana caniha¡¡

Perlita de Huelga dijo...

Que pasa, morennaaaaa... Que yo no te he leido porque yo sigo trabajando para el Superjefe y lo tengo en el cogote. Tampoco puedo actualizar, pero esta tarde haré un intento. Las cervezas, cuando quieras. El Chico Nuclear ya ha abierto. Tiene más de 40 socios... Me retira, éste me retira!!!!

Gato dijo...

Zagloso, cariñazo... Cuando uno sufre un ataque sintomático de ansiedad, si la cosa se pone demasiado difícil e implica riesgo para la salud, el mecanismo de defensa del organismo es desmayarse, de modo que paraliza funciones vitales y con ellas, el ataque sintomático. Del mismo modo mi cerebro desconecta del mundo exterior, el cuerpo pone el piloto automático y parece que estoy, pero NO ESTOY. Ése fue el secreto con Codolá.

Be, me alegro de que te haya gustado... me sentía tan responsable...!

Mary Chirla, Perli, vosotras sabéis bien de qué hablo... El Zuperheffe es mucho Zuperheffe. Perla, tírate el moco y nos vemos mañana después del curro. Avisa a la contable a ver si se apunta. Si viene la enfermera, ¡¡yo las bebo con alcojol!! Que quién me ha visto y quién me ve...

Perlita de Huelga dijo...

joder, Gato. Estoy en el curro, birlándole a mi jefe ancho de banda mientras te leo, perdiendo valiosos minutos de mi trbajao para ver coomo hablas del mister. Estoy flipando. ¿Y si un día descubre el botón historial en mi ordenador? Pues será como la aniquilación de llos dinosaurios trasladado a las Perlas de Huelga.

Gato dijo...

Nena, si el editor aún no ha aprendido a guardar un word en un disquette, ni a nombrarlos en guardar como -me temo que sus textos se siguen llamando "jhig" o "fpt" no vaya que alguien los entienda-, ni sabe mirar en documentos recientes en la barra de inicio, y acude al departamento informático clamando que alguien ha entrado en su ordenador y le ha borrado el trabajo... Dudo que sepa entrar en tu historial.

Y si se enfada, te dirá como a mí un día "Anda, zal de mi dehpacho. Zal... que no voy a hacé carrera de tí...!"

Mary Chirla dijo...

ajajajaj¡¡ajajajja¡¡ reivindico más momentos laborales en este blog. Perli, querida, tu boss no sabría diferenciar entre el ratón y la impresora, milagrito divino sería que descubriera el botón hiztoriá¡ ajajaj disfruto como cohino en lodazal

Misia dijo...

Jajajaja, buenísimo, Gato. No creo que el señor Codolá lo olvide en toda su vida. Y como te iban a despedir, si le diste al señor Carretero una sesión gratis de risoterapia.

Perlita de Huelga dijo...

Joder, que fuerte!!!! Gato, querida, cambia un poco más los nombres que nos pillas, nos pillan fijo. Que el puto Google me va a buscar la ruina!

Gato dijo...

¿Codolá y Piñero? No me seas aprensiva, Perli...

Gracias Misia, la verdad es que soy un ente generoso que va regalando su torpeza, ahí, de gratis, sólo por agradar...

Mary Chirla, tengo algún otro momento laboral, desde que era canguro hasta que trabajé en la superfashion "The Flusters". Ya caerán, ya...